Green Card a la mariguana. Ya no se va a pasar de “mojada”.

Aunque ya había un par de estados de la unión americana que permitían el uso recreativo de la mariguana, la decisión del estado de California en las pasadas elecciones del 8 de noviembre parece preludio a un fenómeno masivo de legalización.

La discusión sobre el consumo de las drogas no es una novedad, las regulaciones y prohibiciones van y vienen dependiendo del contexto social y científico. Ante la pregunta de si las drogas hacen daño, la respuesta es: sí, si hacen daño. El riesgo de usarlas se ve minimizado por el efecto de recompensa que se obtiene.

La naturaleza se encargó de diseñar sustancias con el poder suficiente para hacer lo que la especie requiere, pasando por alto nimiedades como la voluntad. Esas sustancias son los neurotransmisores y no exagero cuando digo que vivimos a su merced.

Hambre, sed, sueño, sexo, agresividad, sumisión, amor, celos y prácticamente todo nuestro comportamiento está mediado por la química del cerebro. Para las drogas esto resulta conveniente porque sus efectos adictivos se dan en relación a la respuesta placentera, y no hay impulso más fuerte para los seres vivos. El neurotransmisor encargado de esta descarga de recompensa es la dopamina y vale su peso en oro; de otro modo no se explica el consumo compulsivo de una sustancia que causa tantos daños al organismo. Es el equivalente a sentirse amado.

La mariguana entra en la categoría de drogas con bajo potencial adictivo, esto quiere decir que la persona promedio no se va a volver adicta con las primeras dosis, como sí puede suceder con la nicotina, la heroína y la cocaína, las cuales pueden tener a las personas en franca adicción al mes de uso. Sin embargo, esto no significa que se pueda consumir sin riesgo, la mariguana puede producir esquizofrenia, trastorno bipolar, síndrome de atención dispersa, ansiedad y depresión en un porcentaje importante, máxime si se empieza su consumo en la adolescencia.

La legalización o regulación de una sustancia adictiva no obedece a los daños que produce en el organismo, sino a los efectos adversos derivados del comercio ilegal y a la imposibilidad de erradicar su consumo. En mi opinión es un: “de los males el menor”, ya que, a nivel de salud, seguridad y prevención, es mejor saber de dónde viene lo que se ingiere, además de ayudar a frenar el narcotráfico y el enorme costo asociado a dicha actividad.

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Cada quien consume lo que cada quien consume, en mi caso yo no tomo alcohol, no uso tabaco ni drogas ilegales, es algo que no se me antoja y me lo paso muy bien sin ellos. Yo no promuevo el uso de ninguna sustancia adictiva de forma recreativa, sin embargo, tampoco me dedico a prohibirle a los demás su uso. Como parte de mi actividad como psicóloga, yo trabajo con pacientes que desean dejar las drogas, o bien, que acuden a consulta por otro motivo y son usuarios de drogas. La forma de apropiarse de la situación terapéutica es muy distinta para los dos, en el primer caso llegan posterior a un problema de salud asociado al consumo, deseando poner fin a la adicción y en el segundo escenario el uso de drogas es parte de la terapia, pero no para satanizar ni para premiar; ahí está y listo.

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Somos una especie débil, sucumbimos al placer a la menor provocación y nuestra economía y estilo de vida está, muchas veces, supeditado a la satisfacción de los deseos y no de las necesidades. Ya veremos cómo ésta legalización modifica el curso del proceso en México.

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El acoso y los trastonos mentales.

La salud mental, o más bien, la enfermedad mental, se asocia fuertemente con la locura. En la sociedad, la idea del loco se ve reflejada en los trastornos de tipo esquizoide, paranoide y psicóticos. Dichas enfermedades representan un reto para el público en general ya que las características de los trastornos pueden tener tintes violentos y se ven acompañadas de alucinaciones que mucho se asocian a lo demoniaco.

Para variar, las películas y la literatura han pintado un cuadro en el que los pacientes con enfermedades mentales son monstruosos. Eso ha generado miedo y rechazo en la sociedad.

Miles de enfermos fueron confinados en sus casas durante toda su vida, otros internados en centros donde la existencia era inhumana y en muchos de los casos servían como conejillos de indias para médicos en busca de los orígenes de la enfermedad.

Han tenido que pasar siglos para por fin entender las enfermedades mentales y ahora nos encontramos en la etapa de sensibilizar a las personas ante el inmenso sufrimiento de los pacientes y eliminar el temor y la discriminación hacia esas personas.

Un número importante de los niños que sufren acoso son catalogados como “raros”, “chiflados”, “locos”. Todo ello derivado del estigma explicado antes. Si uno maltrata a un “loco”, la gravedad del daño se ve mitigada por la condición “inferior” que se le asigna al niño o a la niña.

Hay un manejo equivocado de las enfermedades y se ha vuelto común clasificar a quien nos parezca diferente como: Border (trastorno límite de personalidad), OCD (trastorno obsesivo compulsivo por sus siglas en inglés), neurótico o psyco (psicótico).

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Este fenómeno se ve de forma particular en los adolescentes por tres razones:

  1. Usan el término para deshumanizar a la persona y poderla humillar
  2. Los chicos sí padecen algún trastorno mental y empiezan a mostrar síntomas.
  3. Las diferencias que les achacan tienen que ver con aspectos culturales, raciales o de personalidad.

Cuando un joven se siente señalado como enfermo, no sólo se va a deprimir, sino que se va a dar un fenómeno conocido como alienación; o sea, ser diferente al grupo al grado de sentirse de otro mundo (un alienígena). En la necesidad de protegerse y de huir de quienes lo acosan, él o ella buscará unirse a un grupo donde sea aceptado como diferente. No importa si sólo son dos o si es una pandilla completa; cuando esos chicos se asumen como locos y desadaptados, empezarán a comportarse como tales. Hay riesgo de caer en drogas, promiscuidad, violencia, o actividades delictivas.

Adoptar una identidad que vaya en contra del resto sólo confirma el diagnóstico social de locura. Esta cadena es difícil de romper y se debe empezar por educar acerca de las enfermedades mentales y desmentir todo el folclor que existe a su alrededor.

Empezando porque el trastorno mental más común es la depresión y no la psicosis o la esquizofrenia y terminando por entender que son muy pocos los casos donde las agresiones se dirigen de forma física a quienes rodean al enfermo.

Acosar a alguien asignándole una enfermedad y deshumanizarlo para poder atacarlo debería ser considerado un acto criminal, mientras, los millones de individuos que sí padecen algún trastorno, viven discriminados y con restricciones a sus derechos en todo el mundo.

Gif Homero Simpson. Giphy.com. Recuperado el 18 de octubre de 2016 de: https://giphy.com/gifs/halloween-simpsons-treehouse-of-horror-IjjqQvfFpSSxG
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