Los fumadores: Del glamour al rechazo y de regreso.

El tabaco es y será el malo del cuento tal como lo son las otras drogas legales e ilegales no importa cuánto se le defienda.

Fumar ha sido parte de los ritos sociales de la humanidad desde las épocas prehispánicas, aunque en la actualidad se le considera un problema de salud con proporciones epidémicas. Ahora se sabe con certeza que el tabaco:

  • Es la droga legal de mayor consumo a nivel mundial.
  • Su poder adictivo está a la par del de la cocaína y la heroína.
  • Es la causa número 1 de muertes evitables en el mundo.
  • Cada año mueren millones de personas por causas asociadas al tabaquismo.
  • Afecta a todas las regiones del cuerpo.
  • Es responsable de 98% de todos los casos de cáncer de pulmón y de más del 90% de los casos de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).
  • Uno de cada dos fumadores morirá a consecuencia del tabaco. Las colillas de tabaco son la basura más tirada a nivel mundial con cifras en el orden de los billones.
  • El tabaco reduce en 10 años la expectativa de vida, cada cigarro le resta 7 segundos a la cuenta y millones de muertes se dan en personas que nunca han fumado un solo cigarro en su vida (los fumadores secundarios) (2, 3).

 

Esto y más se sabe del tabaco, sin embargo, el número de fumadores sigue siendo muy alto; en México la prevalencia del consumo de tabaco en la población de 12 a 65 años de edad es de 21.7%, con una edad de inicio de 14.4 años en promedio (1, Encuesta Nacional de Adicciones, 2011).

El periodo de mayor consumo de tabaco se dio en la década de los sesentas y setentas, fumar era una actividad sin censura y se presentaba como parte esencial de los estereotipos de la época.

En la actualidad, las personas que están muriendo de cáncer y enfermedades asociadas a la adicción al tabaco pertenecen a ésta generación de Baby Boomers y la llamada Generación X. Se podía fumar en cualquier lugar, frente a quien fuera sin tener la más mínima consideración por los demás.

Se necesitaron décadas de investigación y difusión para hacer que la gente creyera en los daños tan graves derivados del consumo de tabaco.

Nunca antes fumar había sido tan mal visto como ahora y sí se observan descensos importantes en el número de fumadores, sobre todo en los países desarrollados.

Desafortunadamente, ahora nos encontramos con otros retos a vencer, como el libre albedrío y las alternativas menos dañinas (tal es el caso de los cigarros electrónicos).

Durante el 2015, el número de adolescentes usando estos cigarros en los Estados Unidos se triplicó y en muchos casos contribuyó a migrar el consumo a cigarros convencionales o a probar otro tipo de tabaco, como el molido o la pasta (3). La investigación ha ido en aumento y los resultados no son aún concluyentes para establecer niveles de riesgo y los controles sanitarios correspondientes, muchas personas lo ven como la alternativa obligada para dejar de fumar o para consumir un producto con menos efectos a la salud. Sí se han encontrado datos muy preocupantes y efectos nocivos a muy corto plazo con estos cigarros.

 

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Pero los ataques de quienes defienden el consumo de los cigarros electrónicos son de lo más acalorado que se puedan imaginar, a mí me han dicho hasta la despedida cuando publico o comento los casos de envenenamiento o enfermedad causados por dichos dispositivos. Es una guerra por el derecho a consumir nicotina sin repercusiones en la salud, lo cual, hasta este momento es imposible.

Las razones por las que se fuma no son las mismas, pero los efectos siguen siendo devastadores. Se puede decir con cierta confianza que los fumadores actuales saben los riesgos y las consecuencias de la adicción, mientras que sus padres y abuelos las ignoraron durante décadas.

Todos estamos en nuestro derecho de fumar o no hacerlo, pero como con muchas otras elecciones, las consecuencias no son exclusivas de los usuarios y ahí ya hay transgresión del derecho a la salud de los no fumadores. Al final el libre albedrío no justifica los 6 millones de muertos que hay al año debido al tabaco.

 

Referencias.

  1. Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Instituto Nacional de Salud Pública; Secretaría de Salud. Encuesta Nacional de Adicciones 2011: Reporte de Drogas . Villatoro-Velázquez JA, Medina-Mora ME, Fleiz-Bautista C, Téllez-Rojo MM, Mendoza-Alvarado LR, Romero-Martínez M, Gutiérrez-Reyes JP, Castro-Tinoco M, Hernández-Ávila M, Tena-Tamayo C, Alvear Sevilla C y Guisa-Cruz V. México DF, México: INPRFM; 2012. [consultado el 15 de junio de 2016]. Disponible en: http://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/ENA_2011_DROGAS_ILICITAS_.pdf
  2. Organización Mundial de la Salud. (2003). Convenio Marco para el Control del Tabaco. Ginebra OMS 2003. [consultado el 29 de mayo de 2016]. Recuperado de: http://www.who.int/fctc/text_download/es/
  3. WHO global report on trends in prevalence of tobacco smoking 2015. [consultado el 20 de agosto de 2016]. Disponible en: http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/156262/1/9789241564922_eng.pdf

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Photo credit: <a href=”https://www.flickr.com/photos/littlesourire/15759584743/”>Nadja Tatar</a> via <a href=”https://visualhunt.com/”>Visualhunt</a&gt; / <a href=”http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/”>CC BY</a>

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