El acoso y los trastonos mentales.

La salud mental, o más bien, la enfermedad mental, se asocia fuertemente con la locura. En la sociedad, la idea del loco se ve reflejada en los trastornos de tipo esquizoide, paranoide y psicóticos. Dichas enfermedades representan un reto para el público en general ya que las características de los trastornos pueden tener tintes violentos y se ven acompañadas de alucinaciones que mucho se asocian a lo demoniaco.

Para variar, las películas y la literatura han pintado un cuadro en el que los pacientes con enfermedades mentales son monstruosos. Eso ha generado miedo y rechazo en la sociedad.

Miles de enfermos fueron confinados en sus casas durante toda su vida, otros internados en centros donde la existencia era inhumana y en muchos de los casos servían como conejillos de indias para médicos en busca de los orígenes de la enfermedad.

Han tenido que pasar siglos para por fin entender las enfermedades mentales y ahora nos encontramos en la etapa de sensibilizar a las personas ante el inmenso sufrimiento de los pacientes y eliminar el temor y la discriminación hacia esas personas.

Un número importante de los niños que sufren acoso son catalogados como “raros”, “chiflados”, “locos”. Todo ello derivado del estigma explicado antes. Si uno maltrata a un “loco”, la gravedad del daño se ve mitigada por la condición “inferior” que se le asigna al niño o a la niña.

Hay un manejo equivocado de las enfermedades y se ha vuelto común clasificar a quien nos parezca diferente como: Border (trastorno límite de personalidad), OCD (trastorno obsesivo compulsivo por sus siglas en inglés), neurótico o psyco (psicótico).

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Este fenómeno se ve de forma particular en los adolescentes por tres razones:

  1. Usan el término para deshumanizar a la persona y poderla humillar
  2. Los chicos sí padecen algún trastorno mental y empiezan a mostrar síntomas.
  3. Las diferencias que les achacan tienen que ver con aspectos culturales, raciales o de personalidad.

Cuando un joven se siente señalado como enfermo, no sólo se va a deprimir, sino que se va a dar un fenómeno conocido como alienación; o sea, ser diferente al grupo al grado de sentirse de otro mundo (un alienígena). En la necesidad de protegerse y de huir de quienes lo acosan, él o ella buscará unirse a un grupo donde sea aceptado como diferente. No importa si sólo son dos o si es una pandilla completa; cuando esos chicos se asumen como locos y desadaptados, empezarán a comportarse como tales. Hay riesgo de caer en drogas, promiscuidad, violencia, o actividades delictivas.

Adoptar una identidad que vaya en contra del resto sólo confirma el diagnóstico social de locura. Esta cadena es difícil de romper y se debe empezar por educar acerca de las enfermedades mentales y desmentir todo el folclor que existe a su alrededor.

Empezando porque el trastorno mental más común es la depresión y no la psicosis o la esquizofrenia y terminando por entender que son muy pocos los casos donde las agresiones se dirigen de forma física a quienes rodean al enfermo.

Acosar a alguien asignándole una enfermedad y deshumanizarlo para poder atacarlo debería ser considerado un acto criminal, mientras, los millones de individuos que sí padecen algún trastorno, viven discriminados y con restricciones a sus derechos en todo el mundo.

Gif Homero Simpson. Giphy.com. Recuperado el 18 de octubre de 2016 de: https://giphy.com/gifs/halloween-simpsons-treehouse-of-horror-IjjqQvfFpSSxG
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¿Cómo hacer a un bully? Guía práctica de disuasión.

Más que una pregunta teórica esta es una realidad a la que debemos dar una respuesta satisfactoria. Ya comenté, en una publicación previa, cómo el problema del acoso escolar involucra a toda la comunidad, pero es innegable que los más involucrados son la víctima y el victimario.

La situación del niño o niña acosado requiere de atención inmediata y de protección, ya que son muy vulnerables a sufrir nuevas agresiones. Esto nos enfrenta a la necesidad de acabar con el ciclo de violencia y acoso, pero no siempre significa castigar al agresor. De preferencia hay que cerrar la línea de producción de bullies.

Los infantes que enarbolan la bandera del acoso no nacieron así, ellos son resultado de la educación de sus familias y de la comunidad a la que pertenecen. El Dr. Garbarino en su libro: “Lost boys” (Niños perdidos), hace un análisis de más de 20 años de trabajo con niños en prisiones de los Estados Unidos (2). Una de sus conclusiones es que los chicos infractores han delinquido como una forma de supervivencia y adaptación al medio en el que viven y otra de ellas, quizás la que más importante se me hace, es que el castigo no ha dado resultados positivos en la rehabilitación de estos chicos.

Yo no comulgo con este concepto del castigo aplicado a la educación, cuando se hace algo, lo que sea, el resultado es una consecuencia y como tal debe ser tratada. Las acciones derivadas del comportamiento llevan implícitas una “cuota”; a veces a favor, otras en contra. El asumir ese costo debería ser algo natural, pero muchas veces los padres de familia creemos estar protegiendo a nuestros hijos al ayudarles a evitar las consecuencias de sus actos. Cuando hacen algo positivo, se les celebra, cuando hacen algo negativo se les reprende o bien se ajustan los resultados para “darles chance”.

Supongamos que nuestro vástago dijo una mentira por no haber llevado la tarea; la maestra nos llama y reaccionamos como mejor podemos, pero no olvidemos que:

Justificar al hijo frente al maestro para después regañarlo en privado no sirve, regañar al hijo frente al maestro no sirve, apoyarlo a que se salga con la suya no sirve, regañar al maestro por levantarle falsos al infante no sirve.

Si aprovechamos el evento como una oportunidad para el diálogo, el aprendizaje y la confianza podremos obtener resultados con un valor agregado a largo plazo. Una guía de lo que el padre de familia podría decir es:

“Me llamó tu maestra porque al parecer le dijiste una mentira por no haber llevado tu tarea, ¿tuviste algún problema para hacer la tarea? / Mentir no va a solucionar el problema, sólo te va a causar otros, me parece que debes hacer algo para disculparte con tu maestra, ¿qué se te ocurre? / A mí se me ocurre que le puedes hacer una carta explicando la verdadera razón por la que no hiciste la tarea y ofrecer una disculpa, puede ser también un dibujo, una tarjeta o decirlo en persona, como tú te sientas mejor. / No estoy enojado contigo, pero me preocupa que si tienes un problema sientas que estás solo y no busques ayuda. / Yo aquí estoy para lo que necesites y si te parece todos los días te puedo preguntar si quieres que te ayude.”

Una reacción de este tipo cuando nuestros hijos cometen una falta por primera vez, no sólo los ayuda a salir adelante del problema, sino que los hace responsables de sus actos, los hace sentir queridos y escuchados, les da alternativas de solución a los conflictos, les enseña a disculparse por haber hecho algo indebido y los convierte en personas asertivas.

A los niños que acosan a los demás no se les debe dejar fuera de la resolución del conflicto porque ellos son otro tipo de víctimas, aun el niño o la niña que vive en buena posición social sufre las consecuencias de unos padres que ningunean a cualquiera y dan ejemplo de prepotencia y de acoso. Darle todo a los hijos es otra forma de maltrato y es una fórmula muy confiable para hacer de nuestra progenie un bully con todas las de la ley.

En el libro “The Bully, the bullied and the bystander”, la autora clasifica a las dos familias generadoras de acosadores. Haciendo una analogía con las paredes, la primera familia es la “Pared de ladrillo” (¿qué dirá don Roger Waters?), dichas familias no toleran ninguna desviación a la norma establecida por el jefe de familia, puede ser la madre o el padre. En ellas la única salvación es pasar desapercibido y alinearse del lado de la figura en el poder para no salir tan golpeado, las opiniones de los hijos son ignoradas, menosprecian a los otros miembros de la familia y los humillan. Los hijos de estas familias repiten el patrón aprendido como forma de dominación y para buscar la aceptación de un grupo en el que la intolerancia y la violencia se premian.

El otro tipo de familia es todo lo contrario, la familia “medusa de mar”, en ella los padres pueden no saber qué hacer con los hijos, les tienen miedo y no saben marcar límites que les permitan dar estructura, se van por el lado de las amenazas, castigos, chantajes; dejarlos sin cenar, prohibirles usar la computadora, tirar sus juguetes y al otro día todo como si nada, se levanta el castigo sin siquiera mencionarlo. Otra variante de esta misma familia es la que en hay abandono físico o psicológico del infante, ya sea por desconocimiento o por algún problema de drogas o enfermedad, el padre se centra solamente en él. Pueden ser buenos proveedores materiales, pero no hay apego ni muestras de amor. Los hijos de estas familias aprender a mentir y a manipular para conseguir lo que quieren (1).

El trabajo de hacer familias funcionales y asertivas es esencial para aliviar la mayoría de los problemas sociales. Los hombres y mujeres con hijos de cualquier edad tienen la obligación de educarse para ser mejores padres, no se vale sacar el orgullo y decir: “A mí me vale gorro y nadie me dice qué hacer”, ni hacerse guaje y dejar que sea lo que tenga que ser (así con muchos “que”).

Espero haber dejado sembradas las ganas de leer estos dos magníficos libros, creo que ya existe versión en español de “Lost boys”.

Bibliografía:
  1. Coloroso B. (2008). The Bully, The Bullied and The Bystander. HarperCollins e-books. Estados Unidos; pp; 75-90.
  2. Garbarino J. (1999). Lost Boys. Why Our Sons Turn Violent and How We Can Save Them. The Free Press, New York.
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Post populi, post Dei.

El clamor del pueblo ha cambiado de medio de expresión. A pesar de que se siguen tomando las calles y haciendo pintas con protestas, la efectividad de dichas acciones está quedando opacada por el innegable poder del Post; el alcance de una denuncia es multitudinario y no se limita a las fronteras del país. Actualmente las personas han dejado de recurrir a la ley para buscar justicia en redes sociales, cada día se presentan más denuncias de asaltos captados por la cámara de un teléfono móvil y los resultados son expeditos haciendo caer el peso de la ley sobre los infractores.

A los gobernantes no les gusta ser exhibidos y cuando la presión sale de los confines del Ministerio Público más les vale actuar pronto o perder la poca credibilidad que les queda. Desafortunadamente, el número de personas con acceso a Internet es aún muy bajo, por ello se han creado grupos de defensa para quienes no tienen otra forma de ser escuchados.

La capacidad de movilización y de acción puede hacer la diferencia en la vida de muchas personas, porque, a pesar de todos los riesgos y malos manejos de la información, los datos ahí están, las imágenes o audios ahí están y son susceptibles de ser analizados por millones de personas. ¿Se imaginan lo que todos esos puntos de vista pueden hacer? No por nada existen los llamados Bots, que son programas cuya finalidad es hacer parecer que las tendencias de alguna publicación son mejores o peores. De ahí salen los números para muchas encuestas y para ensalzar o tirar por la borda planes y proyectos.

Nuestra responsabilidad es hacer buen uso de ese poder, porque, aunque la libertad de expresión existe, se deben eliminar los contenidos discriminatorios o aquellos que inciten al odio entre las personas. Es tan sencillo como no compartirlo y no comentar al respecto; en Internet la vida media de las publicaciones es muy corta y si se ignora se elimina por completo. Las compañías como Facebook y Twitter se han visto en la necesidad de proteger a los usuarios de imágenes con desnudos o contenidos violentos. No debe ser tarea fácil darles gusto a todos; yo he reportado al menos 3 fotos que considero denigrantes para las mujeres y en ninguno de los casos he recibido respuesta satisfactoria, sólo me dicen que no infringe sus regulaciones y por ello no la remueven de su sitio. Ante tal dificultad lo más razonable es hacer uno mismo el trabajo y convertirse en moderador del contenido que circula en las redes. El reto es encontrar un punto medio entre todas las culturas.

En ocasiones circulan acaloradas cadenas en Facebook, exigiendo la restitución de fotos de mujeres indígenas con el torso desnudo realizando alguna labor doméstica. Para los mexicanos no hay connotación sexual en esa imagen y sólo vemos a una mujer que representa los valores de nuestras tradiciones indígenas. Sin embargo, yo no puedo obligar al resto del mundo a vivir con mi percepción y herencia cultural; si para otros la imagen representa un desnudo que puede ser malinterpretado por ellos o por sus hijos, no tienen por qué estar expuestos a él de forma involuntaria.

De la misma forma yo me he sentido incómoda al ver personas con prácticas alimenticias, desde mi punto de vista, extremas. Ese es el respeto que debemos procurar, total, si hay quién se interese en las culturas pre-Hispánicas puede buscar la información y para quienes quieren saber cómo se cocina el perro también pueden averiguarlo sin tener que invitarnos a los demás de sus intereses.

Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos sabido tanto de los demás. El amigo por correspondencia quedó atrás para dejar paso a la red de amigos. Podemos conectarnos con personas alrededor del mundo para conocer su forma de vida y sus costumbres. Los resultados son muy interesantes, ya que nos hemos dado cuenta en cuántas cosas nos parecemos. Todos hacemos bromas, denuncias, ayudamos a los demás, compartimos frases motivacionales, saludamos y despedimos a los meses del año, odiamos los lunes, amamos los viernes, compartimos imágenes de nuestra vida y nuestro planeta y por sobre todas las cosas, somos esclavos de las fotos y videos de gatos.

Hagamos buen uso de la maravilla que es poder estar en todos lados al mismo tiempo.

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Imagen de Grumpy Cat: Meme creator.

La inclusión forzada en un mundo que discrimina.

Los seres humanos somos más iguales que diferentes, sin embargo, somos más diversos que iguales y eso, ha sido causa de injusticias desde siempre.

La selección natural se encarga de adaptar a las especies al ecosistema y la selección que los humanos hacemos se ha encargado de perpetuar características físicas y de personalidad deseables para la sociedad. Estas dos posturas tienen bases opuestas; la primera hace cambios basado en lo que le conviene a la especie, mientras que la segunda elige dichos cambios basado en lo que cree que le conviene a la especie.

Ya se ha expresado por ahí cómo la idea de: “lo que es mejor para mí”, puede estar totalmente alejada de lo que en verdad le conviene al individuo.

Entonces, como en los cuentos de hadas:

“Hace muchos años, en un reino maravilloso, todos fueron de piel blanca, ojos claros y vivieron felices para siempre”.

Llevamos siglos tratando de salir de ese script sin éxito, aunque avances sí ha habido y eso debe continuar. Cada vez hay más leyes apoyando la diversidad y se acepta que eso va mucho más allá del color de la piel. Las razas nunca se han mantenido en una forma pura. Del lado de la selección natural hemos tenido, a lo largo de la historia, migraciones, eras glaciales, epidemias y otros fenómenos más o menos perceptibles. Por nuestra parte hemos elegido en muchos casos, simple y sencillamente lo que más nos gusta.

El orgullo racial ha tomado fuerza y el cuento se ha ido llenando de personajes de colores, ideologías y preferencias sexuales diversas. El cuento poco a poco va incluyendo personajes principales que no son blancos, varones o con mucho dinero.

En el día a día esto ha pasado desde hace muchas décadas, pero como en nuestra sociedad pareciera que si no se muestra en las películas o las series no vale, ahora tenemos “inclusión”.

Dependiendo del país la inclusión racial en series y películas se ve de forma diferente. En México hubo una época en la que los personajes negros eran actores blancos pintados de negro, los indígenas eran actores blancos con la cara sucia y hablando mal el español. Es de dar risa y es muy ofensivo y discriminatorio. Esos actores podían terminar la filmación y “limpiarse”, mientras que quieres pertenecen a dichos grupos humanos no podían hacerlo (ni tenían por qué). Ahora en nuestras películas todos dicen groserías, son medio vivales, las diferencias se enfocan en llevar al ridículo a las clases sociales y hacerse burla unos a otros.

En países con inmigración masiva como nuestros vecinos del norte, las series ahora han pasado de ser blancas para tener francos problemas de amontonar en el elenco a tanta diversidad. Tenemos por ejemplo los grupos de investigación; en ellos encontramos: un negro, un blanco, un latino, un asiático, un judío, un musulmán, un europeo, etc., y como queda también el asunto de las preferencias sexuales, entre ellos mismos deben ser heterosexuales y miembros de la comunidad LBGT, vegetarianos, adictos, ex adictos, devotos, fieles, infieles y los que me falten.

El intento de inclusión llega al absurdo y se siente falso, ignoro si cada grupo se siente representado con justicia en México o en Estados Unidos, pero yo más bien creo que es como pintar con todos los colores de la paleta sin justificación estética de fondo.

Sí es mucho mejor que estén a que no estén, por supuesto que sí y es de celebrar el esfuerzo. El asunto de la inclusión forzada es que muy en el fondo el poder sigue recayendo en los blancos, los malos son todavía los rusos y ahora también los chinos, el islam y los narcos latinoamericanos.

Hay ejemplos finísimos de inclusión, se me ocurre por ejemplo la trilogía de Iñárritu: Amores Perros, 21 gramos y Babel; sobre todo esta última donde la realidad humana se ve reflejada en toda su magnificencia y su miseria.

Pido porque un día pueda haber inclusión realista y que quienes no puedan ser representados en esa ocasión particular sean incluidos en otras y no se sientan mal. Además, espero que la variedad se aprecie en donde más vale, como en las universidades, empresas, agencias espaciales, organizaciones, gobiernos. En el cine y la televisión no me importa si siguen batallando en crear híbridos multifacéticos, al final es entretenimiento y bueno, si los actores se enojan, sepan que son incluidos en muchos otros círculos de devoción.

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¿Qué será #POTUS pues? La supervivencia de la lengua en 140 caracteres.

Entre invenciones te veas.

Nuestra lengua ha experimentado un cambio radical derivado de la prisa y del espacio. Los chicos quieren decir mucho, muy rápido y con el menor número de palabras. Para ello han fusionado idiomas en acrónimos y siglas, principalmente el inglés, con el fin de decirlo todo en un lenguaje codificado muy difícil de entender para quienes estamos fuera de su grupo.

La primera vez que me enfrenté a siglas que no entendí fue en un correo electrónico que empezaba con “FYI”, la verdad me dio pena preguntar el significado y tardé muchos correos en descifrarlo: “¡Ah!… For Your Information” (para su información). De ahí pasé a las letras que al pronunciarlas juntas suenan como una palabra: “R U” (are you, por su pronunciación en inglés) o: “C V bien” (se ve bien). Luego, no sé cómo, apareció el famoso: “K hace?” y ahí las reglas cambiaron; en primer lugar, la letra “k” se pronuncia “ka”, no “qué”, el signo de interrogación va al inicio y al final, no sólo al último como en inglés.

En fin, ahora cada quién hace lo que desea con los idiomas para expresarse. La plataforma de Twitter no ha ayudado mucho que digamos con la restricción sólo poder usar 140 caracteres. Si bien es cierto que desarrolla la capacidad de síntesis, la mayor parte de la gente sustituye palabras completas con símbolos, emoticones y a veces cuesta trabajo entender lo que se quiere decir, sobre todo porque los errores de ortografía siguen apareciendo en grado superlativo.

Como comenté en la publicación anterior, trato de estar cercana a ese lenguaje y comunicar de la forma en la que se comunica la mayoría de las personas usuarias de redes sociales. Se ha vuelto un reto personal escribir una idea con buena redacción y sin abreviaturas en Twitter; la escribo una y otra vez hasta quedar satisfecha con el resultado, luego la publico sintiendo que hice bien a la patria y honor a todos mis maestros de literatura (se vale reírse).

El Oxford Advanced Learner’s Dictionary, tiene ya una sección con los acrónimos y siglas más usados por los internautas y cada año se actualiza (1). Lo que me preocupa de todo este asunto es que gran parte de ese contenido lingüístico lo adoptamos, aún sin hablar el idioma; mezclando inglés y español sin sentido real, sólo por usar lo que esté de moda.

La solución, como para casi todos nuestros males, está en la educación. Quienes tengan la fortuna de estudiar inglés en algún instituto serio o tengan hijos en escuelas con programa bilingüe, podrán experimentar un entrenamiento en comunicación para redes sociales. Ya se enseña a escribir, leer y emplear dichas abreviaturas en el contexto apropiado sin hacer menoscabo del contenido del mensaje ni del idioma. Repito, es muy buen entrenamiento en síntesis y pensamiento abstracto poderse expresar en un párrafo, pero no deformando el idioma. Enseñar a redactar es indispensable para ensayos, tesis etc., ¿por qué no hacerlo también para redes sociales? No dudo que muchos centros educativos ya lo hagan y de esa forma puedan conectar con un porcentaje de los alumnos que de otro modo no podrían enganchar en una clase de español. Habrá que hacer llegar esa posibilidad al resto de los centros educativos en el país, esperando con los dedos cruzados que no estén en paro.

Y, por cierto, después de algunos meses de leer “POTUS” en los Tweets del presidente Obama, por fin desentrañé el misterio y supe que dichas siglas significan en inglés: “President of the United States”; ya decía yo que no le podían decir así de feo nada más por que sí.

 

  1. Telephoning and electronic messaging. Oxford Advanced Learner’s Dictionary. Oxford University Press; 7th edition; 2010; Reference section; R57.
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“¡Me dejó en visto!” La economía emocional de los Millennials.

Mis hijas no hablan por teléfono más que en defensa propia; ambas son Millennials y durante muchos años luché por conseguir que usaran el teléfono para comunicarse con sus amigas en lugar de mandar los mensajes por el celular, que en ese entonces eran lentos, lentos. Huelga decir que perdí mi tiempo soberanamente.

Mi sorpresa no acabó ahí, en otra ocasión una de mis hijas se quejó de que su maestro de bachillerato había borrado muy rápido la tarea y no le había dado tiempo de tomarle foto. De ahí en adelante lo acepté todo: tareas en equipo por Facebook o Whatsapp, conversaciones entre ellas por Chat, estando ambas en la misma habitación, mandarme mensajes a mi celular preguntando qué había de comer, yo en la cocina y ellas en su recámara, e infinidad de otras situaciones que en su momento resultaban inverosímiles y ridículas.

Yo aprendí ese lenguaje y tengo el honor de estar incluida en todas sus redes sociales y de respetar lo que cada una escriba; por ejemplo, yo no reviso todo lo que publican ni critico sus decisiones al hacerlo. Y claro que les doy: “Me gusta” y uso el amplio espectro de emoticones y gif’s para expresar mi opinión.

Considero que, para ellas y el resto de sus compatriotas de generación, las cosas se sienten desde otros esquemas emocionales.

La mayoría de los adultos con los que he hablado del tema, consideran que los: “Me gusta” y demás artilugios de las redes sociales, carecen de valor real y no representan verdaderos compromisos emocionales. Yo creo que a todos nos atrae la idea de ser acreedores del reconocimiento de los demás y ante la cada vez más ardua labor de reunirse con la gente que a uno le importa, el recurso de hacerlo a través de redes sociales es excelente.

 

Debe haber casos en los que se hace de forma automática e incluso compulsiva, yo tengo contactos, de mi generación setentera, que comparten absolutamente todo, al grado que no dan espacio para otras publicaciones y mi muro se ve saturado de sus contenidos, no por nada se tiene la opción de ser amigo de alguien en redes, pero sólo acceder a su perfil de forma voluntaria (no darle follow).

Los Millennials saben darle valor a cada expresión cibernética de apoyo, aceptación y repudio. El impacto que tiene una difamación por estos medios y el ciberacoso, no dejan duda al respecto. Para un chico en estos tiempos, ver las dos palomitas azules en Whatsapp o Telegram, sin una respuesta es una grosería: “¡Me dejó en visto!”.

Estoy segura que saben cuáles de los “me gusta” son sinceros y cuáles son de relleno, ¿por qué no habrían de saberlo?, nosotros teníamos claro quién nos saludaba por compromiso y quién lo hacía con cariño; “más antes” bastaba sólo la mirada entre un chico y una chica en el parque para coquetear y sentirse halagado o rechazado.

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La parte crucial de este asunto es que sus educadores y maestros pertenecemos a las generaciones anteriores y no se ha hecho el trabajo suficiente para ayudarlos a proteger su privacidad y respetar la de los demás. La reciente aparición de las policías cibernéticas pone de manifiesto el peligro al que se está expuesto por andar timando a la gente por medio del Internet.

Para mí es muy triste reconocer que quienes primero hicieron abuso de las redes sociales no fueron los Millennials, sino adultos que no perdieron la oportunidad de vender pornografía, traficar, difamar, discriminar y generar contenido basura (no puedo asegurar hasta que grado porque desconozco las estadísticas), pero entre más tiempo pasa, los niños y adolescentes empiezan a cuidar su espacio en redes y espero sepan frenar el fenómeno tan lamentable y reprobable de la difamación y exhibición no autorizada de contenido en redes.

Chicos, confío en ustedes y no se les olvide:

Hay que leer.

Crédito de Gif: Giphy.com; recuperado el 28 de septiembre de 2016 de: https://giphy.com/gifs/adultswim-3o7TKVH7nbfCVgzaBq
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Lo que no se quiere ver pero ahí está.

Pocas personas podrán estar en desacuerdo con la sensación de tristeza, enojo y desamparo que tiene uno después de ver las noticias. Contradictoriamente, parecemos estar ávidos de consumir noticias sobre las desgracias humanas, no importa dónde sucedan, entre más crudas más tiempo pasan en las primeras planas y ahora con la posibilidad de demostrar solidaridad con un hashtag, en minutos el mundo sufre con las víctimas y con las naciones afectadas.

El volumen del sufrimiento es directamente proporcional al tamaño de la desgracia y a la cercanía que tengamos con la situación.

Quienes nacimos y vivimos en la Ciudad de México somos más susceptibles cuando hay un terremoto, los neoyorquinos son, casi sin duda, muy solidarios en caso de ataques terroristas masivos.

Nuestro infortunio y solidaridad disminuyen junto con el volumen de la cobertura en medios noticiosos y redes sociales. Esto es normal dado que las emergencias también tienen un ciclo de vida y llega un momento en el cual la reconstrucción se puede estancar por meses y otros temas se vuelven más relevantes. Si se trata de una guerra ya hasta se pasan por alto y se da por hecho que gente va a morir. En lo que va del 2016, las tragedias humanas a nivel local y mundial han sobrepasado la cantidad de encabezados disponibles.

¿Hace daño ver noticias violentas?

Varias personas me han preguntado esto o ha sido tema de conversación en reuniones sociales. Yo no considero que ser testigo del sufrimiento humano haga mal, para mí el daño viene de la indolencia hacia esas noticias.

Hace dos días vi el video del rescate de una niña de unos 3 o 4 años de edad de entre las ruinas en la ciudad de Aleppo en Siria, en el marco de una fallida tregua de menos de una semana. No sé cómo hicieron para encontrarla, el edificio donde estaba enterrada estaba derruido, ignoro qué era antes, pero en ese momento no era más que polvo y piedra. La niña se encontraba totalmente aprisionada, no había hueco ni espacio entre ella y el cascajo. Los hombres empezaron a cavar con las manos y a liberarla; primero su cabeza, luego un brazo y así hasta que salió. Ignoro cuánto tiempo les tomó, ella lloraba y los hombres hablaban el lenguaje universal de la desesperación. Al final del video me puse a llorar, esa mezcla de alivio al verla salir y el dolor de saber que la llevan a un hospital o a un refugio que tal vez sea bombardeado al día siguiente.

¿Me hizo daño?

No.

Me indignó, como me indignan los asesinatos de mujeres en mi país, los desaparecidos, los muertos por su color o ideología y sobre todo y por encima de todo, los líderes y gobernantes culpándose unos a otros con el eterno “quién arrojó la piedra primero” o justificando su inacción con la famosa declaración de: “El ajuste de cuentas”.

No se trata de verlo todo, hay imágenes que lo pueden acompañar a uno hasta la tumba, pero sí es importante saber y estar al tanto, qué más hubiera querido yo que abrazar a esa niña y traerla a vivir conmigo, quitarle el polvo y las heridas, prometerle que nada malo le va a pasar. Eso no me es posible, pero sí puedo proteger a mis hijas y a mí misma, elegir a mis gobernantes después de haberlos escuchado y cuestionado, no usar drogas, no robar, no humillar, no burlarme de los errores filmados y compartidos al instante para acabar con la vida pública y privada de alguien.

Hay que educarse y educar, hay que leer, hay que informarse. Yo lo hago por los miles de seres vivos que sufren y mueren inútilmente a diario. Haz tu parte.

Crédito de imagen de encabezado: Unsplash.com.

Reseña del libro: Bullying y Abuso Infantil. Escrito por Tere Vale.

 

El tema del acoso escolar se ha vuelto una preocupación para la sociedad en la mayor parte de los países; siendo un fenómeno cuya presencia data de siglos atrás no era sencillo pasar de la costumbre a la investigación y la prevención. Los hechos se volvieron cada vez más contundentes y mediáticos mostrando el lado más violento del acoso o bullying. En estos días la oferta de libros acerca del acoso escolar ha aumentado y se les puede encontrar en cualquier librería, sin embargo, no todos tratan el tema con la seriedad debida, es por eso que quiero recomendar ampliamente el trabajo de Tere Vale en este libro.

Lo primero que deseo destacar es el orden y la claridad con la que trata los temas; los capítulos son cortos concisos y abordan el ciclo completo del acoso y sus consecuencias. El lenguaje es claro y muy accesible, no hay terminología que no se explique y está centrado en la realidad mexicana.

Como profesional me gustó mucho la documentación que hizo para escribir el libro; cuenta con una sección bibliográfica extensa y verificable. Yo uso este texto para los cursos que desarrollo y para explicar a mis pacientes el tema del acoso.

Nos muestra el panorama legislativo relacionado con el acoso y la violencia infantil desde la Constitución hasta las leyes y reglamentos locales. Tiene una postura de género en donde presenta las diferencias entre la violencia ejercida por los hombres y las mujeres. Este último punto es esencial para el trabajo en las escuelas en materia de prevención y de manejo de los casos ya presentes en la institución.

Por si fuera poco, es un libro accesible en precio, de lectura sencilla y con información que va desde lo neurobiológico hasta lo social.

Se van a encontrar muchos otros libros de consulta dirigidos a los jóvenes, los padres y los maestros, he leído varios y me he encontrado con errores de aproximación al tema y con sugerencias vagas y simplonas sobre cómo evitar el acoso en carne propia o como ayudar a alguien quien sufre de acoso. En este sentido debo recalcar que no es un tema para tratar de manera superficial sin darle el peso específico tan importante y de consecuencias tan graves como las tiene el bullying.

En fin, espero puedan conseguir el libro, lo lean y les ayude a valorar, en su justa dimensión, la necesidad tan grande de contar con estrategias de prevención y manejo de este problema de salud al que se enfrenta la sociedad en su conjunto.

Aquí les dejo los datos:

Tere Vale. Bullying y Abuso Infantil, editorial Planeta; México 2016.

 

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https://www.google.com.mx/imgres?imgurl=http://t1.gstatic.com/images%3Fq%3Dtbn:ANd9GcSEWJCv2_l3C6YtZVhSPrEuYkoNEtW8LQnu_JyAW0Uv9lHi6vou&imgrefurl=http://books.google.com/books/about/Bullying_y_abuso_infantil.html%3Fid%3DhUNWCwAAQBAJ%26source%3Dkp_cover&h=1080&w=703&tbnid=TekTh80T-EZqOM:&tbnh=160&tbnw=104&docid=hiVxRFziLPyGfM&itg=1&usg=__osZLjzS-45yxjH5I8A37itQ-mNc=
Vale T. (2016). Bullying y Abuso Infantil. Ed. Planeta; México

Sí, yo fui.

Asumir la responsabilidad debe inculcarse desde la infancia temprana de acuerdo con la etapa del desarrollo en la que los hijos se encuentren. Antes de los 6 años se empieza con situaciones simples: recoger los juguetes o evitar reponer todo lo que se haya dañado o roto a consecuencia de una acción directa del infante. Ojo, no se trata de regañarlo por haber roto algo, es solamente ir trabajando la causa y el efecto. Reponer un juguete roto por el niño o niña lo lleva a restarle valor al mismo y eso también es aprendizaje, el cual aplicará a otras situaciones en su vida cuando crezca.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo asumir las consecuencias de nuestros actos?

Durante siglos hemos asociado erróneamente las consecuencias con los castigos; en este punto me resulta imposible dejar fuera el papel de las religiones en la conciencia del bien Vs el mal y de la penitencia como formas de juzgar el comportamiento y de modificarlo.

¡Se lo tiene merecido!

Es un grito que todos hemos oído o proferido cuando existe un error, omisión o agravio cometido por una persona. No es de extrañar que, al intentar vivir bajo el parámetro del “bien”, todos salgamos raspados por el “mal”. ¿Qué hago entonces? Pues esconder el hecho, para no sufrir la penitencia o el castigo. “Yo no lo rompí, se cayó solo”, “Así estaba cuando llegué”, “No es cierto, ni iba tan rápido”, “Fue un accidente, sólo estábamos jugando”.

Detrás de esas excusas hay miedo, y ese miedo no nació solo, sino que nos fue inculcado con el ejemplo y la experiencia. Dicho aprendizaje nos viene desde la cuna, por eso inicié el texto con el ejemplo del infante.

Desde hace varias décadas, las escuelas han intentado cambiar el término del castigo por el de la consecuencia; de modo que si yo rompí algo debo reponerlo, si ofendí a alguien debo disculparme; esa es la penitencia apropiada, la que está desprovista del concepto de maldad. La maldad existe, pero esa obedece a otros procesos y en esos casos hablamos de un crimen, cuya consecuencia no siempre puede ser reparada en términos materiales o emocionales.

Los niños y niñas que son responsables del acoso en las escuelas y en los hogares, son infantes sin límites ni reglas, pertenecen a un desafortunado grupo de chicos que pueden tenerlo todo o que no tienen nada. En esos extremos se encuentra la mayor parte de los “bullies”. En mi experiencia profesional he tenido alumnos a quienes veo romper algo y negarlo de la manera más rotunda, lo cual convierte la labor de ayudarlos a asumir las consecuencias de sus actos en todo un reto.

En dichos casos lo mejor ha sido poner el ejemplo: aceptar mis errores, asumir las consecuencias de mis actos, disculparme, reflexionar en voz alta, cuestionar la validez de una excusa.

Como todo acto personal de salvamento de la humanidad, el ejemplo sólo afecta a un porcentaje muy pequeño del grupo, sin embargo, ese pequeño número de personas, así sea una sola, tendrá la posibilidad de replicar lo aprendido y de enseñar a otros.

Hay una calma inmensa después de haberse disculpado o haber reparado el daño causado. Las grietas se cierran en el afectado y en uno mismo, la autoestima se fortalece, la conciencia de ser mejor y de hacer mejor las cosas se impone sobre el evitar hacer algo o escudarse en culpar a alguien más.

Creo con firmeza en la capacidad de cada uno de lograr un cambio significativo en el entorno y no estoy hablando nada más de firmar peticiones en línea, lo cual logra cambios importantes, pero el efecto es muy lejano y cuesta trabajo identificarse con el triunfo o el fracaso del proyecto. La diferencia de hacerlo nosotros es vivir el efecto, sentir lo bien hecho y lo mal hecho en primera persona, ese aprendizaje es de las cosas más valiosas que puede uno enseñar a los demás.

¡Empieza por ti! y vive las consecuencias de las decisiones en tu actuar; vale la pena.

Crédito de ilustración de encabezado:
“Discúlpame”; 2016; Ilustración digital; Tannia Lozano; colección particular.

Todos quieren cosas.

Es muy difícil ser.

En primer lugar, nadie sabe a ciencia cierta quién es y para qué existe. La filosofía lleva siglos en el asunto y con cada generación los requerimientos se van apilando.

Con cada cambio de paradigma social se replantean las formas de ser y en este momento la respuesta parece ser muy simple: Todos pueden ser lo que quieran ser (mis hijas dirían que el pollo quería ser astronauta).

Si eso es cierto, entonces el simple hecho de ayudar a las personas a ser lo que desean debería resolver una gran cantidad de males sociales y nos llevaría a un mundo de éxito y bienestar, pero la evidencia nos muestra que eso no es así..

Yo creo que existen muy pocas personas haciendo lo que siempre soñaron; para la mayoría de nosotros, esa conciencia llegó con la edad y la experiencia. Si al final del camino uno puede voltear y sentirse satisfecho con lo vivido ya es ganancia, porque hay tantos aspectos a los cuales ponerle palomita, que la balanza en equilibrio es una utopía.

A un niño se le pide ser bueno y de ahí en adelante empieza la discusión filosófica: ¿qué es ser bueno? ¿cómo volverse bueno? ¿si soy bueno por qué no soy feliz? ¿por qué hay gente mala?, etc., etc.

Después se agregan listas de valores, competencias, actitudes, propósitos y llega un punto en el que es imposible serlo todo. Tal vez haya gente que nunca sea nada de eso y viva bien, tal vez muchos intentan e intentan y a pesar de lograr bastante nunca se sienta realizada.

Vamos a volver un poco al asunto del poder ser. Basta darse una vuelta por el Centro Histórico de la Ciudad de México para encontrarse con un abanico de posibilidades. En la explanada de la Secretaría de Relaciones Exteriores hay grupos de adolescentes escuchando y bailando música pop coreana (eso parece ser nuevo), hay gente paseando vestida de su personaje favorito, y no me refiero a niños, estoy hablando de jóvenes de preparatoria o universidad caminando con atuendos salidos de videojuegos, comics, caricaturas o películas (esto también es nuevo). Veremos los ya conocidos darketos, cholos, punks, jipis y algunas variedades más o menos coloridas.

La pregunta es si el poder ser te hace feliz y si la sociedad es capaz de tolerar tanta diversidad. Cada grupo exige una serie de derechos, desea ser reconocida y respetada, tener su espacio, sus usos y costumbres, ser escuchada y por encima de todo ser aceptada. Esto es en términos generales, poder ir a trabajar o a la escuela con la vestimenta que los representa, usar el vocabulario aceptado por su grupo como idiosincrático y no ser discriminados.

Muchas de estas peticiones son derechos constitucionales o derechos humanos, sin embargo, en la práctica las cosas no son tan sencillas; ahí tenemos el caso de los milenarios tatuajes que, a pesar de ser usados por millones de personas en todo el mundo y de estar de moda, encuentran restricciones al ser relacionados con grupos delictivos, promiscuidad, drogas e inestabilidad emocional.

¿Cómo entonces conciliarlo todo? está la parte de ser bueno, de cumplir con los requisitos sociales, el momento histórico-político, las expectativas de la familia, la realidad económica, la realidad medioambiental, la religión y si quieren le sigo, pero da miedo, porque hasta el final de esa lista viene el ser como uno desea.

He visto que entre más anclado está uno a las tradiciones y costumbres de siglos anteriores al presente, más difícil es aceptar estas condiciones del juego y aunque esto no significa que las nuevas generaciones serán más felices al ser más tolerantes, al menos espero puedan navegar por las aguas de las distintas etapas de la vida sin sentir que se ahogan.

Sólo una recomendación, el pasado tiene muchos mensajes importantes y aquí dos de ellos:

  • La unión hace la fuerza.
  • Divide y vencerás.

No se dejen seducir tan fácil por la novedad de la posibilidad, para trabajar en equipo cada uno puede ir vestido como quiera y almorzar lo que más le guste, pero, los objetivos deben ser comunes, el lenguaje el mismo (y no me refiero al idioma); ni hablar, los valores y actitudes que mejor nos definen como seres humanos dignos deben ser seguidos. Así hay más posibilidades de al final del camino, haber hecho el bien y sentirse conforme con el resultado.

Crédito de imagen de encabezado: Unsplash.